Vivimos de forma
nostálgica estos días de Pascua recordando chicotás
eternas o momentos de emoción cofrade. Hablando del recuerdo más inmediato pero
también, si el tiempo nos lo permite, atisbando una tradición como es la de la
Cruz de Mayo, donde muchas de nuestras hermandades se entregan por hacer
perdurar la fiesta y mostrar su vida y compromiso durante todo el año.
Mientras tanto, nosotros
seguimos en Cruz de Guía informando de la actualidad de nuestras hermandades y,
también, dándoos a conocer a hermanos de nuestras cofradías que viven de forma
apasionada la fe bajo el capillo, la mantilla, el costal, la música…o cualquier
ámbito cercano al discurrir de una hermandad por las calles de Granada. Hoy
conocemos #DeCerca a Rocío Crespo,
joven cofrade y costalera de nuestra semana mayor.
-Suele ser
habitual que en esta sección de entrevistas abra la puerta a jóvenes implicados
en nuestro mundo cofrade. Hoy te ha tocado a ti Rocío, que además nos vas a
contar el papel de la mujer costalero. Pero antes, cuéntanos algo sobre tus
orígenes.
Nací en Granada
hace ya casi 27 añitos y he vivido en el
barrio Zaidín-Vergeles, rodeada de varias hermandades y de un barrio muy
cofrade. Después de terminar bachillerato en el Colegio Virgen de Gracia,
continué estudiando el Grado en Economía
en la Universidad de Granada y a día de hoy me estoy preparando unas
oposiciones…¡toda la vida estudiando! (risas).
-Siendo
Graduada en Economía por la Universidad de Granada entiendo que el mundo de los
números será una de tus pasiones, pero seguro que la cofrade llegó antes.
La cofrade
llegó a mi vida siendo muy pequeña. Nací en una familia donde la mayor parte de
ellos son cofrades. Una parte de mi familia es de la hermandad del Trabajo, a
la que hoy pertenezco yo también. Otra parte es de la hermandad de la Aurora,
mi padre es contraguía de los Dolores y mi mayor referente fue mi tío, Enrique
León, párroco de San Pedro y San Pablo. Gracias a él yo he podido criarme en
esa Iglesia, vivir momentos que se han quedado grabados y serán inolvidables
para mí… y a él le debo todo lo que siento por mi Virgen de las Maravillas,
pues quién lo conocía, sabía bien el amor y la fe que le profesaba.
He tenido la
gran suerte de pasar muchas tardes jugando en esa iglesia, viendo a las mujeres
coser, viendo cómo limpiaban enseres, preparando cada detalle para que todo
estuviera perfecto. También pude aprender las horas de esfuerzo y sacrificio
que conlleva una hermandad, los momentos buenos y los malos.
En mi
familia teníamos muchas tradiciones en Semana Santa. Recuerdo cada Miércoles
Santo esperar en el balcón de San Pedro a que pasara la Hermandad de los
Gitanos pues mi tío tenía la costumbre de incensar a las imágenes, y por
supuesto, comernos las torrijas después.
Y llegaba el
Jueves Santo, día importante en mi familia, y cuando terminábamos de ver la
salida del Silencio desde el patio de San Pedro, subir corriendo por las calles
a oscuras hasta el encierro de la Aurora y meternos mis padres, mis tíos y yo
(siendo muy niña) a empujones en la bulla del Perdón, y después, en la de la Virgen.
Y al terminar, íbamos a ver el encierro de la Concha.
He vivido
momentos muy cofrades desde que era pequeña y doy gracias cada día de haber
podido aprender y sentir esta pasión.