Contaba yo pocos años de edad
cuando no entendía a mi padre al decir ‘por Pascua florida…’, cuando la pascua
la celebrábamos en diciembre, rodeados de motivos navideños y cantando
villancicos.
El paso de los años y, sobretodo,
la formación cristiana han hecho que pueda entender y vivir la Pascua, aunque
un cofrade se queda siempre con las vísperas de ésta. El Domingo de
Resurrección ha sido siempre un día triste para los que amamos y vivimos en las
entrañas del mundo cofrade. Agotados por unos intensos nueve días donde hemos
dejado cada gramo de energía en las calles de Granada anunciando la fe y a la
vez el arte sacro.
Hace unos años, se encerraba el Señor lleno de victoria y gloria en San Miguel Arcángel en la tarde noche del Domingo más grande de todo el año, y alguno susurraba con humor y con melancolía cofrade eso que coreaban los fariseos: ‘crucifícalo, crucifícalo’. Nadie que ame las hermandades y cofradías quiere que llegue el centro, y a la vez el gran misterio, de nuestra Fe, pues ello conlleva el fin a los días más mágicos de todo el año.
